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Lunes 06 de Septiembre de 2010
Justo Merino Belmonte: Un Mundo en Rotación, "Cuando un libro es bastante más que un libro " Imprimir E-Mail
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Para quien no sea un iniciado, como es mi caso, el libro de Dr. Barceló, es una obra difícil y por supuesto, casi imposible, en sus desarrollos matemáticos. Sin embargo, de la misma manera que me propuse y conseguí entender buena parte de un libro suyo anterior: “El vuelo del bumerán” he reincidido en el esfuerzo de intentar desentrañar lo presupuestos esenciales de la obra que ahora ve la luz.

He querido imaginarla como la impresionante aventura de un niño que desde bien pequeño ha sido adiestrado para pensar y descubrir. A partir de ese momento la intriga de cómo se abre al mundo un cerebro humano bien orientado adquiere vuelos de historia apasionante

Veo a Gabriel Barceló junto a su padre, paseando a la orilla de un río sereno. Los dos comienzan a lanzar piedras planas al agua y las piedras rebotan, como ranas saltarinas. Explica el padre que este era un juego ya practicado por los griegos en el S. III de nuestras era al que llamaban Epostracismo, lo que significa arrojar conchas o piedras planas al agua para hacerlas rebotar. Explica el padre que los griegos lo practicaban como un deporte y que ganaba quien conseguía lanzar la piedra más lejos y con más rebotes. Esto, con ser curioso, no era lo esencial. Lo importante era que la piedra, lanzada con fuerza, llevaba una velocidad de traslación y una rotación intrínseca. Y ese lanzamiento resulta ser un primer paso hacia una deducción matemática que va a marcar la obra investigadora de un hombre de ciencia.

Tras ese primer paso hay que añadir un segundo que se produce cuando, ya adolescente, Barceló, recibe un nuevo impulso hacia la aventura del saber. El profesor de física propone a sus alumnos reflexionar sobre el giroscopio, aparato atribuido a Foucault para demostrar, entre otras cosas, como se produce la rotación de la tierra. El profesor era Miguel Catalán, alguien que ha tenido en la vida científica del autor de este libro una influencia decisiva.

Si volvemos al primer presupuesto, el del epostracismo, siglo tras siglo, los humanos han continuado lanzando piedras al agua sin conocer la naturaleza física de tal fenómeno. Sin embargo, el autor señala que lo necesario para que se produzcan los rebotes consiste en, por lo menos, la mayor velocidad posible de la piedra, un movimiento de rotación sobre un eje vertical y estar situado a una altura óptima con respecto a la superficie del agua. Por supuesto la piedra habría de ser suficientemente plana y, si fuese posible, discoidal. Así se descubriría que no había rebotes si la piedra no iba dotada de rotación intrínseca o si no se proyectaba a la velocidad adecuada. De manera que se llegaba a la evidencia de que podía existir un fenómeno dinámico no definido en la mecánica clásica: la aparición de una reacción inercial.

De esa situación enigmática nace la investigación que durante diecinueve años ha levado a cabo, desde su silencio esclarecedor, el hombre que tras rigurosos estudios de ingeniería y física, ha intentado desentrañar lo ignorado u orillado por la mecánica física clásica. Algo que en la era de los ordenadores y los satélites adquiere primigenia notoriedad.

El juego de la rana y el curioso comportamiento del giroscopio fueron la primera semilla. De ahí hasta la “Teoría de las Interacciones dinámicas”, sustentada por un conjunto de leyes creadas por el Dr. Barceló, hay un largo camino de investigación física no reconocido, hasta ahora, por la mecánica física clásica.

Para llegar al punto crucial en que actualmente se encuentra la investigación, se han abierto distintas vías. Una primera se refiere a la investigación histórica. Tan difícil seguimiento arranca en el siglo III de nuestra era y adquiere progresiva notoriedad en el XIX y XX, hasta desembocar en el siglo XXI con un trabajo notable. Que tan tremendo y serio esfuerzo pasara desapercibido supondría una pérdida irreparable para la apertura de nuevos horizontes en la mecánica física. Pero, además, significaría una incalificable injusticia para quien tan denodadamente ha trabajado, de modo altruista, por hacer realidad un sueño.

Y si la investigación histórica ha supuesto una ingente labor de búsqueda iluminadora, no lo ha sido menos el cúmulo de experimentos prácticos. Desde la piedra que rebota, el giroscopio, la peonza, el bumerán, los globos y tantos otros artilugios cuidadosamente experimentados, hasta la construcción de un pequeño submarino. Se trató de un juguete que ha resultado clave en la investigación experimental.

 Si a estas dos etapas añadimos lo que han supuesto los profundos estudios matemáticos que han sustentado esos trabajos para evidenciar la categoría de lo investigado, deberemos concluir que nos encontramos ante una obra ingente, de imprevisibles consecuencias científicas.

 Cuando un libro es bastante más que un libro. Cuando su argumento desborda los estrechos límites del papel, nos obliga a pensar en su trascendencia. Es decir, en la seguridad de encontrarnos ante algo de mucha importancia y valor.

Resulta que cuando lo intrascendente llena librerías, el haber tenido la suerte de conocer semejante obra, obliga, a dejar una opinión escrita. Y al tiempo que lo hago intuyo que, de una u otra manera, lo que ha logrado Gabriel Barceló llegará a los cenáculos de la ciencia y en ellos tendrá el refrendo merecido.

                                                                        Que así sea.

                                                              Justo Merino Belmonte Doctor en Ciencias de la Información

 
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Para quien no sea un iniciado, como es mi caso, el libro de Dr. Barceló, es una obra difícil y por supuesto, casi imposible, en sus desarrollos matemáticos. Sin embargo, de la misma manera que me propuse y conseguí entender buena parte de un libro suyo anterior: “El vuelo del bumerán” he reincidido en el esfuerzo de intentar desentrañar lo presupuestos esenciales de la obra que ahora ve la luz.

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